29.4.11

SIMPLESMENTE ARRASADOR


Eis o que acabo de receber por mail de um amigo. Como é um assunto que diz respeito a todos nós atrevo-me a transcreve-lo na sua integra.

Portugal visto de Espanã

AS VERDADES OCULTAS EM PORTUGAL

Lisboa, 21 sep (IPS) Indicadores económicos y sociales periódicamente divulgados por La Union Europea (UE) colocam Portugal em niveles de pobreza e injustiça social inadmisibles para um país que integra desde 1986 el 'club de los ricos' del continente.
Pero el golpe de gracia lo dio la evalución de la Organização para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE): em los próximos anos Portugal se distanciará aún más de los países avanzados.
La productividad más baja de la UE, la escasa innovación y vitalidad del sector empresial, educación e formacion profesional deficientes, mal uso de fondos públicos, com gastos excessivos e resultados magros son los datos señalados po el informe anual sobre Portugal de la OCDE, que reúne a 30 países industriales.
A diferença de España, Grecia e Irlanda ( que hicieron também parte del 'grupo de los pobres' de la UE), Portugal no supo aprovechar para su desarrolho los cuantiosos fondos comunitarios que fluyeron sin cesar desde Bruselas durante casi dos décadas, coiciden analistas políticos y económicos.
En 1986, Madrid y Lisboa ingresaron a la entonces Comunidad Económica Europea con índices similares de desarrollo relativo, y sólo una década atrás, Portugal ocupava um lugar superior al de Grecia e Irlanda em el ranking de la UE.. Pero en 2001, fue cómodamente superado por esos países, mientras España ya se ubica a epoca distante del promedio del bloque.
'La convergencia de la economía portuguesa com las más avanzadas de la OCDE pareció detenerse el los últimos años, dejando una brecha significativa em los ingressos por persona', afirma la organización.
En el sector privado, 'los bienes de capital no siempre se utilizan o se ubican com eficacia y las nuevas tecnologias no sin rápidamente adoptadas', afirma la OCDE.
'La fuerça laboral portuguesa cuenta com menos educaión formal que los trabajadores de otros países de la UE, inclusive los de los nuevos miembros de Europa Central y Oriental' señala el documento.
Todos los análises sobre las cifras invertidas coiciden en que el problema central não está en los montos, sino en los métodos para distribuilos. Portugal gasta más que la gran mayoria de los países de la UE en remuneración de emplegados públicos respecto de su producto interno bruto, pero no logra mejorar significativamente la calidad y eficiencia de los servivios. Con más professores por cantidad de alunnos que la mayor parte de los miembros de la OCDE, tampoco consigue dar una educación y formación profesional competitivas com el resto de los países industrializados.
Em los últimos 18 anos, Portugal fue el país que recibió más benefícios por habitante en asistencia comunitaria. Sin embargo, tras nueve años de acercarse a los niveles de la UE, en 1995 comenzó a caer e las perspectivas hoy indican mayor distancia.
Dónde fueron a parar los fundos comunitários?, es la pergunta insistente en debates televisados y em columnas de opinión de los principas periódicoa del país. La respuesta más frequente es que el dineiro engordó la billetera de quienes ya tenían más.
Los números indican que Portugal es el país de la UE com mayor desigualdad social y con los salarios mínimos y medios más bajo del bloque, al menos hasta el 1 de Maio, quando éste se amplió de 15 a 25 naciones.
Tambén es el país del bloque en el que los administradores de empresas públicas tienen los sueldos más altos. El argumento más frecuente de los ejecutivos indica que 'el mercado decide los salarios'. Consultado por IPS, el ex ministro de Obras Públicas (1995.2002) y actual diputado socialista Jão Cravinho desmintió esta teoría. 'Son los proprios administradores quienes fijan sus salarios, cargando las culpas al mercado'. dijo.
En las empresas privadas con participación estatal o en las estatales con accionistas minoritarios privados, 'los ejecutivos fijan sus sueldos astronómicos (alguns llegan a los 90.000 dólores mensuales, incluyendo bonos e regalias) con la complicidad de los accionistas de referencia' explicó Cravinho. Estes mismos grandes accionistas, 'son a la vez altos ejecutivos, y todo este sistema, en el fondo, es en desmedro del pequeño accionista, que ve como una gruesa tajada va a parar a cuentas bancarias de los directivos' lamentó el ex ministro.
La crisis económica que estancó el crecimiento portugués en los últimos dos años ' está siendo pagada por las clases menos favorecidas', dijo. Esta situación de desigualdad aflora cada dia con los ejemplos más variados. El último es el la crisis del sector automotriz. Los comerciantes se quejan de una caída de casi 20 por ciento en las ventas de automóviles de baja cilindrada, con precios de entre 15000 y 20.000 dólores. Pero los representantes de marcas de lujo como Ferrari, Porsche, Lamborghini, Maserati y Lotus (veículos que valén más de 200.000 dólares), lamentan no dar basto a todos los pedidos, ante un aumento de 36 por ciento en la demanda.
Estudios sobre la tradiconal industria textil lusa, que fue una de las más modernas y de más calidad do mundo, demuestran su estancamiento, pues sus empresarios no realizaron los necessários ajustes para actualizarla.
Pero la zona norte donde se concentra el sector textil, tiene más autos Ferrari por metro quadrado que Italia .
Un ejecutivo español e la informática, Javier Felipe, dijo a IPS que según su experiencia con empresarios portugueses, éstos 'están más interesados en la imagen que projactan que en el resultado de su trabajo'. Para muchos 'és más importante el automóvil que conducen, el tipo de tarjeta de crédito que pueden lucir al pagar ua cuenta o el modelo del teléfono celular, que la eficiencia de su gestión' dijo Felipe, aclarando que hay excepciones. Todo esto va modelando una mentalidad que, a fin de cuentas, afecta al desarrollo de un país', opinó.
La evasión fiscal impune es otro aspecto que ha castrado inversiones del sector público com potenciales efectos positivos en la superación de la crisis económica y el desempleo, que este año llegó a 7,3 por ciento de la población económicamente activa. Los únicos contribuintes a cabalidad de las arcas son los trabajadores contratados, que descuentan en la fuente laboral. En los últimos dos años, el gobierno decidió cargar la mano fiscal sobre essas cabezas, manteniendo situaciones 'obscenas' y 'escandalosas', según el economista e comentarista de televisióm Antonio Pérez Metello. 'En lugar de anunciar progresos en la recuperación de los impuestos de aquellos que continúan riéndose el la cara del fisco, el gobierno (conservador) decide sacar una tajada aun mayor de esos que ya pagan lo que es debido, e deja incólume la nebulosa de los figitivos fiscales, sin coherencia ideológica, sin visión de futuro', criticó Metello. Lá prueba está explicada en una columna de opinión de José Vitor Malheitro, asparecida este martes en el diario Publico de Lisboa, que fustiga la falta de honestidad en la declaración de impuestos de los lamados profesionales liberais. Según esos documentos entregados al fisco, médicos y tentistas declararons, los arquitectos de ingresos anuales promedio de 17.690 euros (21.750 dólares), los abogados de 10.864 (13.365 dólares) 9.277 (11.310 dólares) y los ingenieros de 8.382 (10.310 dólares). Estos números indicam que por cada seis euros que pagam ao fisco, 'le roban nueve a la comunidad', pues estor profesionales no dependientes deberían contribuir com 15 por ciento del total del imposto al ingreso por trabajo singular y sólo tributan seis por ciento, dijo Malheiros.
Con la devolución de impuestos al cerrar o ejercicio fiscal, éstos 'roban mas de lo que pagan, como si um carnicero nos vendiese 400 gramos de bife y nos hiciese pagar um kilogramo, y existen 180.000 de estos profesionales liberales que, en promedio, nos roban 600 gramos por kilo', comentó con sarcasmo. Si um país 'permite que un profesional liberal con dos casas y dos automóviles de lujo declare ingresos de 600 euros (738 dólares) por mes, año tras año, sin ser cuestionado en lo más mínimo por el fisco, e encima recibe un subsidio del Estado para ayudar a pagar el colegio privado de sus hijos, significa que el sistema no tiene ninguna moralidad, sentenció.

17.4.11

Um pouco de humor, em tempo de crise

Já na primária, o nossos Primeiro era muito carinhoso com o ensino.
Curiosidade masculina

.Vocês sabem lá a crise, que vai pela beira da estrada

Será este o apito dourado? Pelo menos, o "Bandeirinha" não marca "of-site"!..
.
Chorando a morte de sua amada

comichão colectiva?
Estará aqui a cura?

2.4.11

Os Canejos


Caso I

As suas pernas eram arqueadas como se toda a sua existência tivesse cavalgado um puro sangue selvagem.
O Tomaz era filho de um casal humilde, tinha mais dois irmãos, sendo ele o mais novo, tinha um feitio "espalha brasas", mas era amigos dos seus amigos. crescemos juntos, lutamos juntos, andamos na primária juntos. Sua mãe doméstica, seu pai empregado da telefónica, dava diariamente cordas ás botas, fazendo kilómetros e kilómetros a pé, subia aos postes e nas horas vagas entretinha-se a arranjar sapatos, para juntar mais uns "tustos" para o sustento familiar.
Um dia a família foi em peso visitar um amigo que vivia em Palhais-Barreiro, junto a um moinho de marés, os pequenos meteram-se numa lancha esta virou-se e o pai que não sabia nadar, com a aflição para ajudar os filhos acabou por deixar ali a vida.
Consternação em toda a redondeza, e a partir daí a heroína da sua esposa, viu-se a braços sozinha para ganhar a sustento para a casa.
O Tomaz dizia entre uma brincadeira e outra que haveria um dia de ter as pernas direitas.
Já crescidos, cada um procurou a sua vida e durante pelos menos 60 anos deixei de o ver. Recentemente soube que eu estava de regresso às origens e procurou-me sem o conseguir.
Até que, num funeral de um amigo comum esse encontro foi um facto. Demos um forte
abraço de saudades e reencontro. Ambos mais velhos, ambos com o mesmo feitio, ambos com humor à flor da pele e ele ainda não esquecido das "brasas do seu espalha".
E a primeira e pergunta que me faz, foi esta. Não notas nenhuma diferença em mim? Olhei e remirei-o de alto a baixo, e confessei que não. É que fui operado às pernas e já não sou "caneijo". Sorri, dei gargalhadas acompanhadas das suas e dei-lhe os parabéns. Estava feliz o amigo... Percebi, quanto foi importante aquela operação, para levantar o ego do meu amigo.
Caso II
E lembrei-me deste caso e do sofrimento que este homem terá por lhe ter acontecido esta desgraça.
Trabalhava na Siderurgia Nacional no Seixal,moço novo, sentia desgosto enorme por ser "canejo", achando mesmo que as moças não se chegavam a ele por essa razão. Foi aconselhado a ser operado, pois era do conhecimento geral que havia muitos bons resultados e êxitos nessa operação. Meteu-se a caminho, escolheu ortopedista e resolveu-se.
Que contraste entre o Tomaz e este de quem nem cheguei a saber o nome. O Tomaz estava felicíssimo e apregoava ao seu mundo essa felicidade, enquanto o outro chorava a sua desdita e o dinheiro gasto, já que, as suas pernas que eram canejas assim ( ), passaram a ficar assim )( depois da operação.
Negligencia médica?

20.3.11

O Internamento


O Zé nunca esteve doente, o Zé poucas vezes foi atacado por uma pequena tosse e o Zé que tem médicos por perto, gosta de falar com eles, qualquer assunto desde que não seja sobre doenças.
Todavia, o Zé já esteve internado seis dias no Hospital de Santa Maria em Lisboa e com perspectivas de necessitar de uma operação que a efectuar-se seria de urgência.
Por volta dos anos 60, o homem saudável que sempre tinha sido, sentiu uma dor acima virilha esquerda e não ligou ao assunto. Pior do que a cantiga do Fernando Nascimento "Ela não voltou" do primeiro festival da canção exibido pela televisão portuguesa.
Mas aquela dor repetia, era aguda e recorri ao Prof Dr. Carlos Ribeiro, conhecido cardiologista que chegou a ser bastonário da Ordem dos Médicos, e era seu vizinho.
Diagnosticou os malefícios do apêndice e portanto era necessário retirar o referido.
No outro dia deu entrada numa das enfermarias do Hospital Escolar da nossa Capital e já acima referido. Pedia a todos os Santos, aos Médicos e sabe lá a quem mais para diligenciarem um tratamento em vez de corte por bisturi.
Naquela época ser vizinho e conhecido de tão ilustre Médico era uma dádiva de Deus e Deus colaborou com o Zé, já que,só lhe faltava a auréola para ser Santo. E portanto a equipa médica daquele serviço, mandou iniciar um tratamento.
E assim, de manhã e à noite, o Zé apanhava nas "bochechas do Traseiro" injecções. Os dias iam passando, a sua saúde de ferro estava a recompor-se e ao quinto dia, quando a enfermeira fazendo a sua rotina entra na enfermaria para distribuir os tratamentos pelos internados, aproxima-se do Zé, que fazendo já tudo em automatismo destapa o "sim senhor" colocando-o bem a jeito da profissional de saúde. Esta sorri e disse assim, "Estranha maneira de tomar comprimidos". As injecções tinham terminado na véspera e foram substituídas por comprimidos. Como nunca me faltou boa disposição, dei uma sonora gargalhada.
Depois foi só esperar pelos resultados de análises e o Zé saiu pelo seu próprio pé e ainda hoje sou portador do apêndice que se encontra desde aquela data quietinho e a dormir sossegado, não tendo nunca mais dado qualquer sinal de se sentir incomodado.

3.3.11

O Sábado Gordo


Corso carnavalesco nos anos 50. Na época presente pode ver-se igualzinho na Capital Caramela.

O carnaval aproxima-se do seu fim e o Zé folgazão, adorando esta época não podia deixar de recordar os carnavais no Coliseu dos Recreios.

No princípio dos anos cinquenta, o Zé e o seu amigo Albano, companheiro de várias aventuras, já vosso conhecido resolveram fardar-se a preceito e ir uma noite ao Coliseu dos Recreios, em Lisboa, ainda na altura, Capital do Império Luso.

Começamos por comprar um bilhete para “Geral Reservada”, o que quer dizer “bilhete de pontapé nas costas”, mas sob reserva sempre era outra coisa. Para entenderem, o Zé vai explicar. O Coliseu dos Recreios situado na Baixa de Lisboa, era e é, uma grande sala de espectáculos extremamente versátil. Ali podem ocorrer, sessões de cinema, teatro, circo, bailes, congressos, comícios; enfim, um não mais acabar de eventos. Desde plateia, poltronas, frisas, camarotes, “geral reservada” e culminando na “geral simples”, todas escalonados por andares e preços, sendo estes em pé no último piso e a “reservada” praticamente ao nível do rés do chão um pouco mais cara, mas de bancada, e daí o termo “Bilhete de pontapé nas costas”.

O seu interior era bonito e agora depois de recuperado mais bonito está. Todavia, no presente, os eventos que arrastam multidões resumem-se a uns grupos de 5 ou 6 moços a que chamam banda e que tocam instrumentos musicais que nos dão cabo dos tímpanos.

Na época de Carnaval o espectáculo era sempre circo. A malta sentava-se, assistia ao circo e nos intervalos uma orquestra animava os bailes, que decorriam na pista e nos inúmeros corredores dos vários pisos.

Para manter a ordem havia polícia por todo o lado, que dois dias antes tinham estreado farda nova. Acho até que toda a instituição estava orgulhosa pelo aparato que faziam e garbosamente ostentavam.

No sábado a anteceder o Domingo gordo, era a nossa grande noite, com o baile trapalhão.

Previamente preparamo-nos para o ataque ao Carnaval do Coliseu dos Recreios. Arranjamos uma caixa de cartão que tinha servido para empacotar uma telefonia da marca “Telefunkem”, fomos à mercearia de um comum amigo e fizemos o abastecimento para o bombardeamento do nosso Carnaval. (era habito na época, levar uns saquitos pequenos cheios de serradura, para atirar ás “donzelas”). Pedimos a um amigo tendeiro, 2 guarda-pós, que eram usados pelos droguistas e merceeiros, optando por uns que tivessem sido usados toda a semana. Eram duma beleza assustadora, acastanhados, marcas no peito fruto do merceeiro limpar ali as suas mãos, na barriga restos de sabão amarelo que ficavam quando com uma faca cortava as barras do dito.

Colocamos na caixa, 1 Kg de batatas pequenas já semi-podres, 3 litros de milho, 2 de feijão manteiga, uma dúzia de cebolas também já em estado de decomposição, uma dúzia de pacotes de 125 gramas com pó de sapato (pó muito fino e escuro que entra na composição da graxa, e se emprega no fabrico de lápis para desenho) e 8 sardinhas amarelas de barrica. Deixamos de parte uns ovos, porque ainda não tinham “Pinto” e tivemos medo que se partissem no caminho. Colocamos um cordel com varias voltas à caixa, um bocadito de trapo para não aleijar as mãos, e…

Fomos à Adega do meu progenitor e mascaramo-nos com fatos que nunca tinha servido para tal. Calças e casacos que pela época das vindimas serviam para os trabalhadores levarem as uvas aos lagares e cujo mosto os punha quando secos tesos como pau, e a terminar o chapéu onde na cabeça assentavam as selhas de madeira, igualmente cheios de mosto. Por cima da farpela vestimos os guarda-pós e às 20 e 30 horas, estávamos com o nosso farnel à porta do Coliseu esperando na bicha para entrarmos. Em correria apressada tratamos de arranjar um bom lugar, colocando a caixa debaixo das nossas pernas e acertando as miras dos canhões para o fogo serrado que se iria seguir.

Coliseu cheio, à pinha, de outra forma, como sardinha em lata. O espectáculo iria começar, os holofotes esperavam tremelicando a entrada dos artistas e nós em desassossego íamos esperando. Há hora prevista, tocaram as trombetas e o circo entra em movimento... Existem sempre fracções de tempo que tudo fica às escuras e era precisamente aí que os nossos canhões abriam a sessão de ataque.

Os primeiros acordes foram acompanhados com uma saraivada de batatas, lançadas para a direita e esquerda e quando as luzes acendiam novamente, tratávamos de aplaudir, batendo palmas a confirmar o sucesso da artista e das suas plumas em cima de um cavalo. Sentados apreciávamos os primeiros estragos. Um senhor limpava a banda do casaco, tentando descobrir de onde teria partido aquele obus; no lado contrário uma senhora tinha o seu carrapito em desalinho, e outro cavalheiro limpava as patilhas do cabelo, onde tinha aterrado uma pasta de batata depois de ter feito ricochete em qualquer lado. Para começar não estava mal, comentavam os francos atiradores. Trocamos impressões para acertar se continuávamos com “batatame” ou se alterávamos para cebola, de maneira a não deixar esturrar o refugado. A partir daí e enquanto não fosse esgotado este tipo de mantimentos mantínhamos esta maneira de atacar, fazendo uns ou outros salpicos de milho e feijão para distrair os inimigos. A coisa não corria mal e o nosso exercito quase inçava e desfraldava a bandeira vitoriosa, quando nos passou pela cabeça lançar uns petardos de efeito mais desastroso. Pegamos cada um num pacotinho de pó de sapato e achamos que o deveríamos primeiro picar com um alfinete, como na cozinha as nossas mães faziam aos chouriços, para quando chegassem ao seu destino, ao baterem desfazerem-se imediatamente. À falta de alfinete, fizemo-lo com um canivete, o que alterou imediatamente os seus efeitos. Em vez de buraquitos, ficaram uns “buracões” e portanto o alcance em distância já não era tanto, dado aquele material bélico ir a esvaziar pelo caminho. Através das luzes, víamos aquele pó finíssimo pairando no ar. As nossas mãos ficaram completamente pretas e portanto se fossemos apanhados dificilmente teríamos condições para negar que não éramos os agressores incógnitos. Nos arremessos imediatos, desfizemo-nos destes petardos e ao abrirem de novo as luzes da ribalta, sentíamo-nos seguros, colocamos as mãos nos bolsos para as esconder e apreciávamos a continuação do movimento carnavalesco, que diga-se estava no auge. O pior, meus amigos, é que deitando sacos de pó de sapato já rotos a eito e em força, houve o infeliz azar de pregar com um deles nos queixos de um polícia. Nós notamos um movimento desusado na força policial, não sabíamos é que a coisa seria tão preta. (aliás era bem visível nas trombas do agente da ordem e na sua farda, o preto do pó de sapato) Os olhos dos militares percorriam incessantemente pela “geral reservada” como se fossem holofotes de grande alcance a procurar aviões invasores prontos a despejar metralha sobre aquela população indefesa. Os nossos fatos despertavam atenção pela originalidade negativa e portanto os nossos corações começaram a bater numa cavalgada desenfreada. Somos caçados, dizia o Albano, calma, dizia eu, mas mais aflito ainda. Até que, prevendo que a coisa poderia ser mais torta, resolvemos ir aos corredores e aos “banheiros” deitar fora as sardinhas amarelas de barrica, na esperança de que com a continuação do espectáculo a policia se acalmasse.



A animação nos corredores e na pista, era assim.

Levanta-mo-nos e descemos a bancada, levando cada um, 4 peixes embrulhados em papel pardo. Ao passar pelo primeiro policia que encontramos o Albano é interceptado por um “bófia”. A minha cara deveria ter ficado da cor de um pimento vermelho e vi-me imediatamente dentro de uma cela, numa das esquadras desta cidade que amo. O Albano, além de todo o material que levávamos e como reforço, ainda tinha um saco enorme cheio de serradura, preso por um grande cordel, de forma a dar com ele na cabeça de alguém e puxava imediatamente pelo cordel para o recuperar.

(era como a história do Solnado, na guerra de 1908). Afinal para nossa tranquilidade, foi essa arma que o polícia apreendeu sem ver nem perguntar o que levávamos no embrulho onde estavam sardinhas a que o sal já tinha comido os olhos. Os urinóis dos homens, não era mais do que uns canos galvanizados a deitarem água para uma parede e onde cada “indígena” fazia as suas necessidades mictórias contra a referida. Aquela cena, também é digna de uma referência especial, já que, a multidão a “mijar” contra a parede, vistos por detrás pareciam os Judeus na Terra Santa no momento das suas orações, só lhes faltavam os rabichos. Fingindo que estávamos a vazar a “bexiga” atiramos junto á parede duas sardinhas por cima dos indivíduos que estavam ao nosso lado. Uma delas, fazendo um voo perfeito devia ter caído sobre uma mão que segurava o “penduricalho” enquanto fazia o seu “xixi”. Olá!!, disse alguém. Ora aqui está uma brincadeira bonita!!. A vontade de rir enchera as nossas bochechas. Pois meus amigos, dentro de pouco tempo, até na pista dos artistas caíram sardinhas e juro, não fomos nós que as atiramos.

O nosso stock já se limitava a milho e feijão, e sentíamo-nos receosos e talvez por receio, parecia-nos que a polícia nos tinha debaixo de olho. Num dos intervalos quisemos arranjar par para dançar. Mas quem dançava com mascarados com tão estranha indumentária e as mãos negras a lembrar um natural de S. Tomé e Príncipe?

Pelas 4 da manhã, saímos extenuados e já sem a caixa de cartão, caminhamos até ao Cais do Sodré, batendo o queixo com frio por falta de abafos que nos defendessem do mês de Fevereiro, para apanhar o primeiro barco da travessia do Tejo.

Moral desta história verídica. Em todas as épocas houve meninos bonzinhos que por isto ou aquilo, às vezes subiam-lhe a negra à cabeça e eram tão traquinas como os piores.

Espero encontrar o Albano num futuro próximo no além e que já esteja bem orientado para podermos iniciar novamente s nossas partidas carnavalescas.

20.2.11

Tempos que não voltam



Os tempos mudam, umas vezes para pior e outras não são para melhor. Nem tudo é assim tão mau, dizem alguns, outros em que me sinto incluído temos saudades da pasmaceira e da tranquilidade dos tempos de antigamente.
A mão Júlia que tinha nascido em 1904, quando tinha sete anitos, percorria vários kms de madrugada com um cabazito na mão a transportar queijinhos frescos numa venda de porta a porta.
Que lhe aconteceu? Absolutamente nada. Nada de nada, tal era a tranquilidade de poder circular livremente, em que havendo grandes distancias entre as povoações, toda a gente se conhecia.
Em mil novecentos e cinquenta e três, cá o rapaz, bem situado numa empresa e onde ocorreram alguns dos meus contos deste blogue, consegue o primeiro emprego para o seu grande amigo Albano, que tinha dezasseis anos e já conhecido do meu conto “O Celular de 23/11/07), como apontador nas obras que deram origem ao Bairro de Alvalade na capital portuguesa.
A sede da empresa situava-se na margem sul, em plena Baia do Seixal e por necessidade da profissão era obrigado a deslocar-se duas vezes por semana aos seus escritórios. Uma para levar as folhas de ponto que dariam origem à folha de salários e outro para levar o dinheiro para pagamento os trabalhadores, pagos à semana; “cartos” metidos em envelopes devidamente identificados com números e nomes dos trabalhadores, fechados a cadeado numa mala de cartão azul, modelo «Linda de Susy», feita pelo amigo Cabral (do meu conto Amigos destes já não há de 17/02 /10) que nós enchemos de rótulos de Hotéis (recordo que até tínhamos rótulos de Hotéis de Casa Blanca), para dar mais brilho e importância à figura de quem a transportava.
Como o ultimo horário de transportes públicos, que poderia levar o Albano de regresso a casa, era às 21 horas e na maior parte das vezes todas aquelas operações demoravam até noite bem dentro, aquele tinha de fazer o percurso a pé, levando dentro da mala os salários de uma semana de centenas de trabalhadores.
Que aconteceu ao Albano,? Nada, absolutamente nada, percorria a pé de noite cerca de 10 Km com uma mala na mão cheia de dinheiro, pela manhã apanhava a camioneta (era assim que era chamada) para Cacilhas, barco, e autocarro da carris até ao Pote de Água.
Certa vez, quando à sexta-feira apareceu para levantar a mala, alertei-o para o peso da mesma, dado que não havendo notas, a maioria dos envelopes estavam carregados com moedas de dez escudos.
Sempre a brincar comigo, lá partiu com aquele exagerado peso, fazendo o percurso de todas as semanas. Quando finalmente chegou à obra no outro dia ao abrir a mala, deparou-se-lhe três pedregulhos enormes que serviam na empresa para calçar os “camions”, que ficavam estacionados numa descida íngreme.
Acabávamos sempre por ficar bem dispostos , tratando de preparar uma nova partida como vingança da maroteira em que um tinha acabado de cair.
Todas as quartas-feiras, eu fazia-lhe uma visita para acompanhar o facturado dos fornecedores, era uma das minhas funções e aí inventávamos partidas para fazer a outros, mesmo que fossem desconhecidos.
Havia uma estação de rádio em Lisboa, que tinha um concurso publicitário e quando telefonavam para um número ao acaso, se a pessoa que atendesse o telefone dissesse primeiro uma determinada frase publicitária, ganhava prémios.
Entretinha-mo-nos a ligar ao acaso, e a lamentar a perda dos prémios, pois não tinham dito a frase. Perguntavam-nos quando era transmitida aquela conversa, ficam no ar, convidavam amigas e na hora aprazada voltávamos a ligar para rir e gozar à sua custa. Chegamos mesmo a marcar um encontro junto à Tendinha (taberna famosa) no Rossio para um programa em directo daquele local, obrigando por isso uma “Nena” a deslocar-se à porta da Casa da Sorte. Coitada… ia ver se lhe saía a Sorte Grande.

Que nos aconteceu a nós, além de umas dores de barriga ocasionada pelo riso? Nada, absolutamente nada.
E agora em 2010. Era possível fazer isto? Só um doido o faria e quem seriam os pais que deixavam andar a sua menina tão pequena de madrugada sozinho na rua.
Que tempos, amigos que tempos

6.2.11

O Falecido/Morto/Defunto


Apreso-me a contar mais esta história da vida real que me aconteceu vai para um mês .
Já por aqui disse que tenho um grupo de 12/15 amigos do coração, daqueles dos tempos dos 17 anos e que vida fora jamais nos separou, jamais nos esquecemos uns dos outros e a que baptizamos com o nome de “Os Lacinhos”. Com a idade que tenho e posicionar-me naquela época, encontro azinhagas que hoje são estradas, ruas de areia solta onde passavam burros e carroças e hoje ruas alcatroadas com movimento automóvel, não havia televisão e até os simples rádios existiam somente nas tabernas a que se ia dando o nome pomposo de café.
Essas amizades estão de tal forma enraizadas que pelo menos duas vezes ano nos encontramos para umas almoçaradas e fazer lembrança das partidas e dos momentos extraordinários que passamos.
Mas há coisas que a grande amizade não pode parar e o tempo nunca volta para trás. Estamos cada vez mais velhos e alguns já partiram para todo o sempre. O Grupo vai ficando cada vez mais reduzido e compreendo bem a preocupação quando oiço entre nós, alguém dizer; quem vai ser o próximo.
Estava no meu refúgio algarvio a fazer uma feriazitas bem tranquilas (dado que felizmente também tenho visitantes, nossos irmãos, no outro lado do Atlântico, sou obrigado a esclarecer que o Algarve é uma província do sul de Portugal, distanciada da capital portuguesa 300 km, e que “Fuzeta” é uma povoação Algarvia ) , quando numa sexta-feira, por telefone, um desses amigos que reside na «Fuzeta» (vejam lá para onde foi o “Marafado”), me dá a notícia de que tinha falecido o Gabriel. Senti aquele falecimento como que atingido por uma pedrada na cabeça. Comentamos o facto, fiquei ao corrente de que todos os amigos já tinham sido avisados e combinei regressar a Lisboa no dia imediato, já que, segundo ele o funeral realizava-se pelas 16 horas daquele dia. Quis vir comigo, compramos um lindíssimo ramo de flores com fita gravada, que seria pago por todos os do Grupo e saltamos ao caminho a «mata cavalos» até Seixal, que fica frente à Capital portuguesa na margem esquerda do Tejo e onde residia o falecido. Durante o percurso quase não falamos dado a tristeza que nos invadia.
Chegamos e chorávamos que nem umas "Madalenas", ficando atrapalhados a pensar que o funeral já se tinha realizado, pois não vimos ninguém para o efeito. Olhamos para a janela do primeiro andar onde tinha vivido o Gabriel e vimos o "defunto/morto/falecido" debruçado muito espantado a olhar para nós, com caro de caso, já que nos via a chorar e com cara de gatos- pingados. Até as flores começaram a murchar com o sal das lágrimas que deitávamos. O "falecido/morto/defunto", veio com o seu próprio pé perguntar o que é que se passava e ficamos os três a olhar uns para outros, tendo o Manuel Mário, o chorão que veio comigo, olhado para mim, dizendo assim. É pá, nós tivemos algum acidente de automóvel quando vínhamos agora do Algarve? É que, se calhar nós também estamos mortos, isto aqui é o céu e estamos a fazer figura de parvos mesmo antes de ser recebidos pelo S. Pedro. O Gabriel pergunta? Mas afinal que é que já não calça mais, botas novas? Eu nem queria acreditar. Pois não é que ali bem perto, mas noutra rua, morreu um fulano de nome Gabriel e quando telefonaram ao M. Mário ele fez confusão e pensou que era o nosso amigo. Eu, por minha vez, também fiz um telefonema a um outro do grupo que me informou pesaroso que não podia estar presente porque ia a um outro funeral. O filho de um seu amigo ia casar…

22.1.11

FESTA NA ALDEIA


Este boneco foi feito pela ceramista “Mistério” de Galegos de Santa Maria, aldeia do Concelho de Barcelos (representou Portugal na Expo de Sevilha), em homenagem ao Matias, elemento de “Os Lacinhos”, grande, grande amigo, que já faleceu. De notar que tem um caracol nos óculos.

Por tudo aquilo que já contei neste blogue, aliado aos contos que não pretendo divulgar,

chego à conclusão de que tive uma juventude fugaz.

É verdade, tive efectivamente uma juventude cheia de coisas boas, mas voltando a cabeça para trás, também chego à conclusão que tantas e tantas coisas que poderia ter feito, foram deixadas para trás sem possibilidades de as realizar.

A Juventude passou rapidamente e agora resta-me viver da saudade, da falta dos amigos inseparáveis e das memórias que felizmente dançam na massa encefálica da minha “mona”.

A minha aldeia, de ruas de terra solta, de casas cuja altura não ultrapassava o primeiro andar, vê-se hoje, com altos prédios, estação de comboio à porta, lojas iguais às das grandes capitais, e ela que nem sequer era Freguesia, faz parte de uma das Cidades (que deveriam ser mantidas aldeias) que os políticos na ânsia de grandeza elevaram àquela categoria.

Anualmente todas as povoações têm a sua festa em honra do seu padroeiro, mas a minha, a coitadinha, nem padroeiro tem. No entanto, no mês de Julho de cada ano realizava-se a Festa da Torre. E que festa meu Deus! As ruas eram engalanadas, não com aquelas ornamentações tanto em voga e que no Norte fazem furor. Festão, pinturas garridas, luzes a brilhar por toda a noite, os autofalantes a berrarem por tudo quando é sítio, nós não tínhamos. Tínhamos sim, e disso se orgulhavam os Torrenses, ornamentações feitas com louro a substituir o festão, vários carroceis, circos, poços da morte, muitas, muitas barracas de farturas, a casa rolante e um sem fim de atracções, que faziam dela a maior a mais importante festa de todas as redondezas. Destacando dois coretos, montados em lugares estratégicos da aldeia e onde passavam nos quatro dias que duravam as festas, as bandas filarmónicas mais importantes do País.

À volta dos coretos eram montadas esplanadas com mesas redondos feitas de ferro e cadeiras com tabuinhas pequenitas iguais às que se usavam nos circos. Nas horas em que as bandas tocavam e se alternavam, o silêncio era de oiro e os nossos ouvidos captavam os sons deliciosas das partituras. Mas… essas esplanadas eram a fonte da receita que a comissão das festas tanto necessitava para pagar os foguetes, o fogo-de artifício, às bandas de música etc. e portanto tratavam de fazerem concurso e a sua exploração seria feita por quem mais oferecesse.

“Os Lacinhos”, o meu grupo das partidas, das aventuras, sem qualquer experiência do negócio, resolveu concorrer, tendo ganho o concurso.

A partir dali, a coisa começa ficar feia. Sem jeito nem arte, para fazer bifanas, iscas, pregos, cachorros, preparar caracóis ou burriés, servir às mesas, resolvemos reunir, distribuir lugares e mãos à obra. Uns faziam isto, outros aquilo, e seja o que Cristo quiser, havendo no entanto o cuidado de colocar o Matias, (alcunhado de Marçal) míope e gago, na parte de dentro do balcão, feito com costaneiras das obras e que se encarregaria de tratar dos petiscos, alcançando o “material” aos que serviam às mesas. (Aconselho a lerem o conto Carnaval nas Belas Artes de 4/5/09, já que dá uma imagem perfeita do Marçal, figura principal desta história).

Pela noite, as bandas actuando, o povo rua abaixo, rua acima fazendo picadeiro, crianças ao colo chorando por uma fartura, enquanto outras lambendo o açúcar (à mistura com algum ranho), daquela massa frita feita em canudo, que ainda hoje vimos em qualquer sitio, as esplanadas cheias, a azafama de quem servia, o movimento no balcão para atender todos, colocavam o Marçal em “nervoso miudinho”.

Dois alguidares enormes de zinco (ainda não era a época do plástico), um cheio de caracóis vivos, outro vazio pronto para receber os cozidos e em cima do balcão, dezenas de rolhas de cortiça com alfinetes espetados para serem levados para as mesas onde fossem pedidos aqueles gastrópodes.

Um “panelão” enorme estava ao lume a cozer os primeiros caracóis da noite, os colegas, pediam, Marçal isto, Marçal aquilo, ainda um não tinha acabado e já outros abusando no tom de voz, solicitam outras coisas.

O Marçal não sabe para onde se virar, corre para a direita, para a esquerda, preocupa-se com o que está ao lume, destapa a panela e não consegue ver nada. O vapor que sai lá de dentro, embacia-lhe os óculos, às apalpadelas agarra em dois panos, pega nas asas da “panelão” e despeja os caracóis cozidos. Os elementos do grupo que estavam no balcão nessa ocasião, dão altas e sonoras gargalhadas, perturbam os músicos e o maestro manda parar a banda de tocar.

O Marçal como não via porque os óculos estavam embaciados, tinha acabado de vazar os caracóis cozidos no alguidar onde estavam os caracóis cruz. Dos vivos uns morrem imediatamente, outros safam-se como podem e nunca pensaram que corriam tanto, enquanto outros encolheram-se dentro da sua casca.

As coisas amainaram, a música retomou o concerto e a azáfama da esplanada voltou ao seu movimento normal. Pelo menos momentaneamente. O Marçal já não cozeu mais caracóis, mas em contrapartida, continuou a arranjar os pires para serem servidos. Estala por isso reclamações, gargalhadas e a banda daquele coreto, arrumou os instrumentos.

Os clientes, encontravam nos pires, caracóis vivos, cozidos, coxos e marrecos, vinham de todas as maneiras. Metiam-lhe o alfinete e o animal encolhia-se, outros fugiam garrafas de cerveja acima e enquanto o homem do trombone sacudia um caracol que lhe tinha trepado até às orelhas o maestro esteve em vias de ter um caracol refugiado na batuta.

Nos anos seguintes fomos proibidos de concorrer à exploração das esplanadas, pelos distúrbios ocasionados.